El Nobel de Economía ha premiado este lunes a los estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford por el desarrollo de nuevos modelos macroeconómicos de base microeconómica que han mejorado la aplicación de políticas de estabilización efectivas.
Sus investigaciones han impulsado un «cambio de paradigma» en esas políticas, incorporando las decisiones que toman los individuos y las empresas, y han generado nuevos modelos keynesianos que han permitido afrontar mejor las crisis, por ejemplo, durante la pandemia del coronavirus o la crisis energética de los últimos años.
«Las recesiones y los episodios con alta inflación no han desaparecido, pero son menos duraderos», señaló la Real Academia Sueca de las Ciencias en su motivación del premio.
Su trabajo ha proporcionado una base teórica estable para modelos que son usados ahora por bancos centrales y gobiernos de todo el mundo.
«Con ellos, estamos mejor equipados para tratar las perturbaciones en la economía como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el consumo de los hogares», destacó el presidente del Comité para el Nobel de Economía, John Hassler.
La crisis petrolera cuestiona el modelo de Keynes
La Academia recordó en su fallo que la economía alterna fases de contracción y expansión y que las políticas de estabilización han sido claves para afrontarlas desde que el economista John Maynard Keynes presentó sus teorías hace casi un siglo.
Los modelos keynesianos tradiciones se basaban en la supuesta estabilidad de las correlaciones estadísticas entre variables macroeconómicas como la inflación, el consumo o el desempleo: durante las crisis, la economía se estimulaba reduciendo los tipos y aumentando el déficit presupuestario, y viceversa.
Pero la crisis petrolera de la década de 1970 puso en entredicho esos modelos, ya que no reducían el desempleo y llevaron a que se descontrolara la inflación.
Economistas como Robert E. Lucas Jr. (ganador del Nobel en 1995) apuntaban que el problema de esos modelos era asumir que la relación entre esas variables macroeconómicas era estable y sugerían que debían incluir también relaciones microeconómicas.
Fue Robert E. Hall quien, en un artículo publicado en 1978, resolvió los problemas de esos modelos y de cómo se determina el consumo privado, iniciando una nueva forma de pensar, señaló la Academia.
Su idea central era que los cambios en el consumo no podían pronosticarse, porque dependen de información nueva y, por lo tanto, impredecible, lo cual resultó clave para el desarrollo de la investigación moderna sobre el consumo.
En otro articulo posterior, escrito con Fredric Mishkin en 1982, Hall mostró -analizando con microdatos una serie de hogares- que cerca del 80 % tomaban decisiones de acuerdo con la teoría, mientras que el resto vivía al día.


