La expansión de la educación técnica dominicana sumó centros y especialidades, pero dejó una distancia entre la oferta anunciada y las condiciones para enseñarla. Solo el 10 % de los centros transformados en politécnicos contaba con equipamiento adecuado, según el balance de los diez años del Pacto Educativo.
El hallazgo aparece entre las limitaciones de una modalidad que requiere talleres, equipos y docentes especializados para vincular lo aprendido en el aula con su aplicación práctica.
El documento identifica una “planificación deficiente en la conversión de liceos a politécnicos”, con procesos realizados “sin condiciones mínimas ni estudios de pertinencia”. También advierte sobre los riesgos de continuar una expansión apresurada bajo esas circunstancias.
Se trata del libro “10 años del Pacto Nacional para la Reforma Educativa de la República Dominicana (2014-2030): Balance sistémico, resultados y orientaciones estratégicas de mediano plazo”, publicado por el Consejo Económico y Social (CES) en 2026 y elaborado por Magdalena Lizardo Espinal, con la colaboración de Marygracia Aquino. Su análisis comprende principalmente la implementación del pacto entre 2014 y 2024.
Más centros, con condiciones pendientes
La red de educación técnico-profesional pasó de 120 centros en 2012 a 333 en 2023, de acuerdo con las cifras recogidas en el estudio. La oferta también se diversificó con especialidades como mantenimiento aeronáutico, operaciones mineras, producción audiovisual, informática y ecoturismo.
Entre 2015 y 2024, su estructura curricular alcanzó 17 familias profesionales y 75 títulos: 52 de bachillerato técnico y 23 de técnico básico, organizados en 687 módulos.
Ese crecimiento amplió las posibilidades de formación. Sin embargo, el equipamiento y la contratación de personal no acompañaron de manera suficiente la transformación de los centros.
El balance estima necesidades de contratación de 856 docentes técnicos y más de 2,200 plazas administrativas y de apoyo. A ello agrega infraestructura insuficiente u obsoleta y un aprovechamiento limitado de las instalaciones existentes, especialmente en carreras que requieren talleres costosos.
La práctica que necesita un bachillerato técnico
Las dificultades descritas alcanzan el componente que distingue esta formación: aprender a realizar un trabajo.
En su análisis de los círculos que pueden deteriorar la modalidad, el libro vincula la expansión sin equipos, docentes técnicos y una cultura escolar orientada a la práctica con el debilitamiento de la calidad de la enseñanza. Advierte que ese proceso puede generar insatisfacción entre los empleadores y reducir su disposición a recibir estudiantes.
La relación con las empresas constituye otra limitación. El estudio señala que la escasa conexión entre los centros educativos y el sector productivo dificulta integrar la teoría con la práctica y limita la pertinencia de la formación y la inserción laboral.
En ese contexto, las prácticas y pasantías forman parte de una articulación que el documento considera débil. Su análisis describe cómo una baja participación empresarial puede dejar la enseñanza menos conectada con las condiciones del trabajo real.
Acuerdos con aplicación desigual
El balance recoge acuerdos entre el Ministerio de Educación y el Infotep, correspondientes a 2010, 2017 y 2021, para promover formación conjunta y desarrollar metodologías. Su implementación, señala, ha sido desigual.
También identifica una oportunidad en el uso compartido de infraestructura y talleres, junto con una mayor coordinación entre ambas instituciones y especialidades alineadas con la demanda productiva.
La expansión está documentada pero, disponer de un centro convertido en politécnico no resuelve, por sí solo, la necesidad de equipos, docentes y espacios de práctica que exige la formación técnica.


