La masacre perpetrada el 23 de agosto en Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe, volvió a evidenciar el poder de las bandas armadas en Haití y el creciente flujo ilegal de armas y municiones que alimenta la violencia contra la población, advirtió este viernes la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
El ataque dejó al menos 47 personas asesinadas y otras 22 heridas, en medio de una ola de violencia que continúa golpeando al país y dejando miles de víctimas.
Cifras alarmantes
Entre abril y junio, Naciones Unidas registró 1,408 muertos y 656 heridos como consecuencia de la violencia relacionada con las bandas, además de 326 víctimas de violencia sexual. La ONU considera que el número real podría ser mayor debido al miedo a represalias, el estigma social y la falta de confianza en la Policía.
Armas fortalecen a las bandas
La organización señaló que la disponibilidad de armamento es un factor clave para que las bandas mantengan y amplíen su control territorial. Incluso, un día después de la masacre de Kenscoff, otra banda exhibió en redes sociales un cargamento de armas procedente del extranjero, pese al embargo de armas impuesto por la ONU desde 2022.
Exigencia de protección
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, reclamó a las autoridades haitianas reforzar la protección de la población y garantizar investigaciones independientes sobre las violaciones cometidas. También pidió que las unidades judiciales especializadas en crímenes masivos sean plenamente operativas y que se despliegue la Fuerza de Supresión de Bandas (GSF) para enfrentar la amenaza.
Crisis de seguridad
La nueva masacre coloca nuevamente a Haití ante una grave crisis de seguridad, mientras las bandas continúan ampliando su capacidad de fuego y control territorial.
Este escenario conecta con el debate sobre la violencia de bandas en Haití, el flujo ilegal de armas y las acciones de la ONU en Haití para contener la crisis.


