Los partidos que no se transforman terminan desapareciendo

Por: Lic. Ruddy Pérez

Los partidos políticos que no se transforman, que no se adaptan y que no se adecúan a la nueva realidad social, tarde o temprano terminan desapareciendo.

Hoy observamos, en gran parte del hemisferio y de nuestra región, cómo nuevas figuras, los llamados outsiders, han ido tomando fuerza en diferentes países, llegando incluso a postularse y conquistar la Presidencia en varios países.

La República Dominicana no está exenta de esta realidad ni fuera del alcance de un fenómeno que, poco a poco, se acerca a nuestra política nacional.

Esta situación alcanza a todos los partidos políticos, pero de manera particular a las tres fuerzas mayoritarias.

¿Por qué está ocurriendo esto?

Una de las principales razones es la pérdida de confianza. Confianza, comprensión, respeto, solidaridad, honestidad y transparencia son elementos que deben estar presentes en toda organización política, pero que hoy parecen debilitados.

Dentro de los partidos muchas veces se observa una lucha de todos contra todos. Pareciera que algunos libran una batalla interna mucho más intensa que la propia contienda electoral. Esto se manifiesta en los diferentes territorios, donde figuras tradicionales, dirigentes que han ido abriéndose espacio y nuevos miembros terminan enfrentados entre sí.

Las figuras tradicionales, los ya consagrados y quienes aspiran a construir un nuevo liderazgo parecen atrapados en una dinámica que, en muchos casos, repite los mismos guiones de hace 20 o 30 años.

Lo preocupante es que muchos ciudadanos ya no creen en los partidos políticos como antes.

Pero la lucha no es solamente interna. Hacia afuera existe una profunda decepción de los votantes y electores, porque la política también les ha fallado a los dominicanos.

Durante años hemos visto cómo se intenta conquistar el voto mediante prebendas, favores y hasta la compra de conciencia. Y ahí comienza una peligrosa contradicción: el ciudadano puede recibir un beneficio, aceptar un dinero y posteriormente votar por determinado candidato, pero eso no significa necesariamente que crea o confíe en él.

En otras palabras: “Te voté, recibí lo que me diste, pero no creo en ti”.

Desde el principio, algo comenzó a funcionar mal, y elección tras elección esta práctica se ha ido expandiendo.

Hoy debemos preguntarnos seriamente hacia dónde estamos llevando nuestra democracia.

La democracia está en juego cuando los ciudadanos pierden la confianza en sus instituciones, pero también cuando la política deja de ser un ejercicio de convicciones para convertirse en una transacción.

Los partidos políticos tienen una gran responsabilidad, porque están integrados por personas y dirigentes que, además de ejercer una función política, tienen una enorme incidencia social.

Pero también debemos reconocer que existe responsabilidad en el electorado. La relación entre políticos y ciudadanos se ha deteriorado mutuamente. Los políticos se sienten decepcionados de los votantes y los votantes, a su vez, se sienten decepcionados de los políticos.

Y cuando una sociedad llega al punto en que una parte importante de sus ciudadanos decide su voto exclusivamente por dinero o beneficios inmediatos, estamos frente a una situación que debe preocuparnos a todos.

La solución no puede ser simplemente esperar las próximas elecciones.

Los partidos necesitan transformarse, abrirse, escuchar, renovarse, formar nuevos liderazgos y recuperar valores esenciales como la honestidad, la sinceridad, la transparencia y el respeto.

También deben comprender que las nuevas generaciones no piensan ni se comunican como hace 20 o 30 años. La política cambió. La sociedad cambió. La tecnología cambió. Los ciudadanos cambiaron.

Por eso, quienes pretendan hacer política con los mismos métodos del pasado corren el riesgo de quedarse atrás.

El crecimiento de los outsiders no debe verse únicamente como una amenaza para los partidos tradicionales. Debe ser entendido como una señal de alerta.

La ciudadanía está buscando respuestas diferentes porque, en muchos casos, siente que las estructuras tradicionales dejaron de representarla.

Este análisis apenas comienza. Es un tema amplio, profundo y necesario, sobre el cual debemos continuar reflexionando.

Porque si los partidos políticos no son capaces de reinventarse, recuperar la confianza ciudadana y volver a conectar con las necesidades reales de la gente, el camino hacia su debilitamiento puede convertirse en un viaje sin retroceso.

Lic. Ruddy Pérez
Empresario, Abogado y Político

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