Cuando lo cotidiano se convierte en un encuentro con Dios

La rutina y el exceso de estímulos pueden hacer que pasemos por alto esos momentos cotidianos que nos invitan a detenernos, reflexionar y acercarnos a Dios.

La historia de Moisés ofrece una poderosa enseñanza sobre ello. Un hombre camina por un lugar aparentemente común. No hay nada extraordinario en su trayecto: tierra, silencio y rutina. Todo parece repetirse con la exactitud de lo conocido.

Hasta que, de repente, algo irrumpe en medio de esa cotidianidad: un fuego que arde, pero no consume.

El fenómeno escapa a la lógica de lo habitual y despierta la atención de Moisés. En ese momento se presenta ante él una posibilidad: continuar su camino o detenerse para observar y escuchar.

Así comienza uno de los episodios más significativos de la Biblia, cuando Dios se manifiesta a Moisés en la zarza ardiente, como relata el libro del Éxodo.

La escena deja una reflexión vigente para nuestros días: lo extraordinario puede aparecer en medio de lo ordinario, pero para reconocerlo necesitamos detenernos.

El encuentro de Moisés con Dios no ocurrió en un templo ni durante una ceremonia. Ocurrió en medio de una jornada común, mientras realizaba su trabajo. Como si lo divino no necesitara escenarios extraordinarios para manifestarse, sino un corazón dispuesto y una mirada capaz de prestar atención.

En una sociedad marcada por la prisa, las preocupaciones y el constante bombardeo de información, quizá uno de los mayores desafíos sea aprender nuevamente a detenernos.

A veces, Dios puede estar llamando nuestra atención en medio de aquello que consideramos una simple rutina.

La pregunta es: ¿estamos dispuestos a detenernos, mirar y escuchar?

«Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.»
Éxodo 3:5. 🙏

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