Orlando Jorge Villegas
Con la democratización de internet y el auge de las redes sociales y las plataformas digitales, el mundo se encuentra secuestrado por una competencia agresiva entre los seres humanos por llamar la atención a toda costa. La sociedad dominicana no escapa a esa realidad, y pareciera que empeora cada día.
En estos días se han viralizado videos y comentarios de diferentes personas que critican tendencias que, de forma natural, empiezan a formar parte de diversos círculos sociales. Que si los gimnasios son ahora tiendas andantes por las marcas de ropa que llevan los usuarios; que si el mahjong; que si el pádel; que si los clubes de lectura, que han vuelto al algoritmo social. Y así podría mencionar otras actividades o pasatiempos que están tomando auge en el país.
Pero la moda no es algo nuevo. Desde los episodios bíblicos, pasando por la Edad Media, el Renacimiento, la Revolución francesa y todos los períodos que han marcado la historia universal, las sociedades han adoptado tendencias, y cada una de ellas ha generado un público con deseo de pertenecer. Porque la vida fue hecha para vivirse en comunidad, no en aislamiento ni lejos del contacto social, salvo para quienes tienen vocación por la vida monástica o religiosa en soledad. Las tendencias simplemente generan motivos para que los seres humanos formen parte de algo que los llene.
Las religiones, por ejemplo, ofrecen espacios donde los feligreses se congregan para rezar, compartir y meditar. La misa en la Iglesia católica, los cultos en las distintas denominaciones evangélicas o las reuniones de los musulmanes en las mezquitas para estudiar el Corán son momentos de comunidad.
En el mundo del entretenimiento, los conciertos, al igual que las competiciones deportivas en estadios y pabellones multiusos, también reúnen nichos de personas que se sienten parte de una banda, de un artista, de un equipo o de un atleta.
Las catas de vino o de destilados, las peñas de «panas», los fumadores de habanos, los clubes de running y de ciclismo, y una gran cantidad de espacios de pertenencia forman parte de la sociedad dominicana.
Lo que sí debemos criticar es cuando las tendencias son negativas para la sociedad. En estos días conversaba con la Dra. Alexandra Hichez, reconocida psiquiatra, sobre cómo hemos normalizado la viralidad de lo vulgar, de lo rastrero, de lo que promueve los antivalores y genera más brutalidad y violencia en el país. Ahí deben enfocarse las críticas. Lo demás es una conducta natural del ser humano que busca espacios de convivencia según sus preferencias.


